Séverine
(Catherine Deneuve, que mejor elección) pertenece a la alta burguesía parisina
y está casada con un exitoso médico (Jean Sorel) con el cual no mantiene
relaciones sexuales. Ella, respetada señora, le pide tiempo y él, afablemente, la contiene y la respeta. Todo indica, ante la mirada ajena, un
matrimonio armonioso y costumbrista acorde a las apariencias de la época. Introducción
sin mayores recovecos hasta que la bella Séverine decide dar la gran cachetada
a las apariencias. Situémonos, 1967. Impensado el affaire femenino, o por lo
menos extremadamente condenado. Ella, dando rienda suelta a sus más bajos
instintos, decide ser prostituta en una casa de citas a escondidas. Eso sí, solo
puede hacerlo de 14 a 17 horas, horario en el que su contemplativo marido no
se encuentra en el hogar.
La
protagonista se mantiene casta en el matrimonio, pero paralelamente se entrega
a diferentes hombres en un burdel. Esta vez la infidelidad femenina traspasa
cualquier desilusión que cualquier hombre pudiera soportar (y habría que
plantearse que ocurriría si sucediera a la inversa..) y nos hace explorar la psiquis de esta
mujer, sus riesgos, sus traumas y esa especie de sadomasoquismo autoimpuesto que
nos hace dudar en los 100min. que dura la peli si es por placer o autocastigo. Esa delgada línea
del estímulo perverso en el caso de ser descubierta.
El director maneja la dualidad a la perfección, tanto en imágenes como en diálogos. Podemos
presenciar escenas de absoluta humillación propia en un contexto bellísimo, el
odio por si misma que siente Séverine se entremezcla con su vida supuestamente
perfecta, esa elegancia que no pierde ni siquiera de 14 a 17 horas.
La
hipocresía a flor de piel, el tan evidente desprecio que siente el director por
la burguesía y los cuestionamientos morales que cada uno interpretará, quizás de
diferentes maneras, son los condimentos de esta obra maestra de Luis Buñuel (1900-1983).
“Bella
de día” (“Belle de Jour”)
Dir:
Luis Buñuel / 1967
Int:
Catherine Deneuve / Jean Sorel / Michel Piccoli
