Tras la apertura democrática Argentina en el año 1983, muchas películas fueron finalmente liberadas. Nos encontrábamos con las estrenadas a gran distancia de su realización, las de títulos engañosos con el fin de atraer a los ávidos por mirar algún pezón fugaz, y también con algunas piezas inspiradoras de una cinefania contemporánea. Todas necesitaban su gran publicidad para obtener mas espectadores aún.
La inexistencia de las redes sociales, o las comunicaciones menos expeditivas de la década, daban lugar a la gráfica ingeniosa.
Acertadas o exageradas (en ocasiones engañosas), conseguían que sea casi inevitable la tentación de sacar una entrada.
