Podemos ser héroes

No hay ocasión en la que al escuchar “Héroes” de Bowie, no lo relacione inmediata e instintivamente con el film Christiane F. (1981, Alemania del Oeste) La rola se adjunta a una de las pocas escenas que dan una bocanada de aire fresco a la historia. Una corrida grupal adolescente. Se dirigen ascendentemente escapando de la policía hacia una terraza (estrella de Mercedes Benz incluida como símbolo de cima) la madrugada como escenario y un Berlín Occidental sin la más mínima referencia sobre su muro.

La peli abarca el infierno absoluto de un adict@ (ay aquella escena de abstinencia) a través de una niña de 13 años.  Basada en la autobiografía de Christiane Vera Felscherinow, quien, con esa corta edad, sigue los pasos de su idolatrado novio adentrándose en el mundo de las drogas duras y la prostitución.  Ella no tolera las visitas regulares del novio de su madre en el apartamento colmena que comparten.  Arranca con alcohol y marihuana y (oh casualidad) luego de asistir a un recital de Bowie comienza con la heroína, LSD y todo tipo de aditivos pesados.

Cruda, realista como pocas, relata la transición, destrucción y la desesperación, con dicotomía incluida, en querer salir del infierno y a su vez necesitarlo. En lo personal la empatía es absoluta, son niños y juzgar cualquier tipo de conducta no es válido, ya están rotos y eso es lo que encrudece la historia. Una película de culto, maravillosa y desgarradora, donde su testimonio en Alemania se vive como un contraejemplo siendo la lectura de su libro obligatoria en la mayoría de sus escuelas.

 


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