#Graciasadios es la fiel respuesta al porque las nuevas generaciones se vuelcan cada vez más al ateísmo. Basada en una historia verídica, enlaza a tres desconocidos situados en Lyon -Francia- con un pasado en común; todos sufrieron un abuso en su infancia por parte del cura francés Bernard Preynat entre los años 70s y 90s.
Preynat a la fecha continua con vida, y su caso fue
llevado al cine por el director François
Ozon, quien pareciera que necesita (lográndolo sin dudas) introducirnos
hasta los huesos en cada dialogo y situación, sin ser efectista banalmente ni causando
golpes bajos o morbosos, simplemente nos hace transitar por una empatía única con
las víctimas, las cuales vieron marcadas -cada uno en síntoma diferente- sus vidas.
El horror de lo sucedido ha perseguido a los tres protagonistas
durante toda su vida, hasta que uno de ellos, padre de cinco hijos y ultra católico,
decide enfrentar al sacerdote a quien -ya anciano- descubre que sigue en
contacto con infantes. Los otros dos parecieran que han olvidado el tema, pero
al despertar de esa anestesia inconsciente para tapar el dolor, deciden unirse
a la causa en busca de justicia y aportar también pruebas contundentes para condenar
a Preynat.
El proceso es angustiante y asfixiante por momentos, es muy
difícil comprender ese aura maldito que empantana la propia diócesis para
justificar y no condenar -con la excusa del perdón y la prescripción del delito-
a los de su propia institución sumado a
los prejuicios propios de las víctimas y de muchos de sus allegados, de los
fieles negadores que con parches en sus ojos solo son cómplices implícitos y
por supuesto el poder eclesiástico y su manejo con los medios, aun cuando el
culpable -como en este caso- siempre haya admitido los abusos.
“Gracias
a dios ha prescripto” es la frase con la que cual -a modo de acto
fallido- el cardenal francés de Lyon, Philippe Barbarin, intenta justificar en
plena conferencia de prensa los aberrantes hechos de Preynat, sacerdote de su diócesis.
En el año 2020 y a los 74 años Preynat fue finalmente condenado.
Una narración visual imprescindible para comprender de una
vez por todas lo obsoleto que significan los intermediarios en algunas instituciones...
